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"El esfuerzo de pretender ser" por Bruno Gimenez Destacado

"El esfuerzo de pretender ser" por Bruno Gimenez
04 Jun
2019

Los seres humanos estamos diseñados para vivir en sociedad. Para nuestros antepasados más remotos, pertenecer a un grupo (tribu) era cuestión de supervivencia. Esta necesidad se perpetuó en la biología humana, afianzando el impulso de proteger, dar y recibir afecto. Vincularnos, relacionarnos desde las palabras, la mirada y el compartir.

También desde el punto de vista psicológico la aprobación de un otro y de formar parte, infiere directamente en la autoestima. Recurso humano fundamental para enfrentar la vida con confianza, lograr la auto realización que sin dudas es el camino hacia la plenitud.

En el siglo XXI la imperiosa necesidad de ser aceptados y de pertenecer, se manifiesta de una forma muy básica y vacía, la cual está reglamentada por la sociedad. Sobrevalorar el envase. Esta insistencia en lo que mostramos de nosotros, refleja irremediablemente los valores como personas y comunidad.

¿Cuánto tiempo, energía y dinero invertimos diariamente en proyectar una imagen que sea “aceptable” por los demás? El beneficio de la tecnología y las redes sociales permite “optimizar” el esfuerzo, llevándolo a gran cantidad de gente en solo segundos, sin escatimar distancias.

Cuerpos perfectos, momentos felices, conductas ideales, familias ejemplares y no nos olvidemos del estatus que trae la exhibición de los logros materiales; cenas fastuosas, vacaciones soñadas, auto, ropa, accesorios, etc, etc, etc. Es el cambio de intimidad por “prestigio”.

La acumulación de “vistos”, “Me gusta” y “Me encanta” nos ayudan a creer nuestra mentira de pretender ser súper-personas exitosas y felices. Se normaliza la falsedad.

Los invito a repasar ¿qué pasa cuando no logramos complacer este auto engaño?, ¿qué pasa cuando el número de “Me gusta” no es cuantioso o no satisface nuestra ansiedad? ¿Qué pasa en el instante después, cuando baja la excitación del resultado de la publicación?

Este comportamiento que se convierte en un círculo vicioso y trágico, resulta en un pensamiento absoluto; “sirvo – no sirvo”, “tengo todo – no tengo nada”, “me admiran – me ignoran”.

Complican esta trampa virtual, nuestros rivales, los demás usuarios de las redes sociales, que se muestran triunfadores y dichosos, haciendo que nos sintamos infelices e imperfectos, afianzando la frustración. Resulta muy difícil mantenerse en esta competencia tan exigente. Partiendo de la creencia que debemos ser perfectos, nunca estaremos a la altura de las circunstancias. En numerosos casos, es aquí donde aparecen los alteradores de estados de ánimo, que ayudan a crear y mantener la ilusión de una determinada imagen y evadir los sentimientos de incapacidad, impotencia y falta de control.

¿Cuál es el precio que estamos pagando por cumplir expectativas irreales? ¿para agradar a quién? ¿Cómo influye esta forma de manejarnos en los adolescentes de nuestra sociedad Y cómo condiciona esto su bienestar?

Tal vez es momento de soltar las expectativas, amigarnos con la realidad y aceptar el beneficio de la imperfección, como lo hace el gran escritor y pensador latinoamericano Eduardo Galeano. “Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses”